Oriental y Especiado !
El aroma estaba en el pañuelo de seda.
No recordaba cuánto tiempo llevaba guardado ahí. Lo encontré mientras buscaba otra cosa, doblado al fondo de un cajón.
Lo sostuve entre los dedos y lo acerqué a la cara.
Oriental y especiado.
Ahí estaba.
Respiré profundamente.
Fue inmediato.
Mi piel reaccionó antes que mi memoria.
Ese aroma me recordó el tacto de mis dedos en tu cuello. La suavidad del vello bajo las yemas. El tono de tu piel. Esa fragancia que había quedado grabada en mis fosas nasales y que ahora volvía, intacta.
Respiré otra vez.
Noté que mi piel estaba diferente. Los poros parecieron abrirse todos al mismo tiempo, atentos, expectantes. También redescubrí esa sensación que, por algún motivo, había perdido sin siquiera percatarme de ello.
¿Cuándo había ocurrido?
No recordaba el momento exacto en que mi cuerpo había dejado de responder así. Tal vez esas cosas no suceden de golpe. Tal vez uno se va apagando lentamente, sin advertirlo.
Con cierto pudor recordé aquella tarde que se transformó en noche y terminó por encontrarnos sin ropa en el balcón de tu casa.
Lo extraño fue que no recordé primero nuestros cuerpos.
Recordé el aire.
La frescura de aquella noche sobre la piel desnuda. El murmullo lejano de los autos. Alguna ventana encendida en el edificio de enfrente. Tu cercanía. Tu aroma mezclándose con el aire.
Mis manos interrogando tu cuerpo.
Abrí los ojos.
El pañuelo seguía entre mis manos.
Durante años había permanecido doblado en el fondo de un cajón, guardando algo que yo ni siquiera sabía que había perdido.
Me lo llevé al cuello.
La seda volvió a rozarme la piel.
No sabía cuándo me había apagado.
Pero supe, exactamente en ese instante, que estaba volviendo
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